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Los escándalos del Sename y la crisis de la familia

5 octubre 2017

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Estimado radioyente:

La semana pasada El Consejo de Defensa del Estado (CDE) interpuso una querella criminal en contra de Thiare Oyarce y Conne Fritz, ambas educadoras de trato directo del Sename, por la muerte de la pequeña Lissette Villa en el Cread Galvarino.

Dicha acción también va dirigida “en contra de todos aquellos que además resulten responsables por el cuasidelito de homicidio”.

“El día 11 de abril de 2016, de acuerdo al relato de testigos, Lissette Villa Poblete, al saber su inminente traslado al Cread Pudahuel, por estar próxima a cumplir 12 años, se descompensa psicológica y motoramente, y procede en el curso del día a tener distintos episodios y crisis de violencia”, repasa el documento.

Poco después de los “tratamientos” impuestos a la víctima, esta fallece.

Así es como el Consejo de Defensa del Estado se querella por cuasidelito de homicidio y no por apremios ilegítimos como es la tesis del Ministerio Público, lo que abre la posibilidad de que los intervinientes soliciten recalificar este delito.

Dada la controversia que los hechos produjeron y la situación calamitosa de este organismo público,  conviene recordar que, en su momento, el director de una asociación católica que presta ayuda caritativa a niños vulnerables, el sacerdote Francisco Pereira Ochagavía, retrató un dramático cuadro de las falencias de la protección de los menores en el país y del rol del Sename.

Como ejemplo, el sacerdote relató el caso de una menor que pudo ser una víctima fatal más del Sename.

Se trata de una niña cuyo nombre dio a conocer en el Senado. “Es el caso más dramático que he conocido de maltrato, y donde además se muestra en forma clara la ineficiencia de todo el sistema”, comentó el religioso a la prensa.

No tenía ninguna red familiar y mientras estuvo en el sistema de protección la acogió la asociación María Ayuda. Sin embargo, después no había lugar para ella, nadie que la cuidara.

“Solo ella, una sola joven, tiene un costo de 2, 5 millones mensuales, que los asume íntegramente nuestra corporación. Si no hubiésemos dado ese paso, ella hubiese sido la víctima 866, de la que dio cuenta la directora del Sename “, dijo. En realidad, como fue demostrado por el diputado independiente René Saffirio y posteriormente reconocido por la institución, fueron 1.313 los niños bajo tutela fallecidos en la institución en un lapso de 11 años. Portanto, en realidad, la niña referida por el Padre Pereira Ochagavía habría sido la víctima número 1.314.

Esa cifra es simplemente aterradora. Pero lo que más llama la atención es que pocas personas reparan que la propia existencia del Sename es, en sí misma,  la manifestación de una crisis.

En efecto, naturalmente los hijos deben nacer en el seno de una familia, y es allí, rodeados del cariño y del amparo de los padres, donde ellos deben crecer y ser educados. Lo que salga de esta regla común de la existencia humana, ya es producto de una anomalía.

Por eso, la anomalía está principalmente en que, en Chile, el 73% de los niños nazcan fuera del matrimonio y en que, como resultado, tantos progenitores no se encarguen de la educación de sus propios retoños.

Más que limitarse a paliar las consecuencias, inyectando  miles de millones de pesos adicionales al presupuesto del Servicio de Menores, las autoridades deberían sanar las causas y preguntarse cómo fortalecer la institución de la familia. Sin embargo, lo que vemos en las iniciativas promovidas por los responsables de las políticas públicas es precisamente lo contrario.

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La anterior Alcaldesa de Santiago, Carolina Tohá, publicó durante su gobierno edilicio un libro de 100 preguntas y respuestas sobre sexualidad, dirigido a los adolescentes.  La publicación en cuestión no contenía ni una palabra sobre sana afectividad,  fidelidad, menos aún sobre matrimonio. Todo se reducía  a resolver dudas sobre el resultado de comportamientos sexuales completamente anormales.

¿Qué se puede esperar de este tipo de (des)educación sino la demolición de  las virtudes morales sobre las cuales reposan el matrimonio y la familia? Y, ¿cómo entonces sorprenderse de que tantos niños vayan a parar al Sename por maltrato de sus progenitores?

Hay un claro fariseísmo en las declaraciones  de las autoridades públicas.

Otro ejemplo es la reciente aprobación de la ley de aborto la cual agravará las secuelas de estas políticas de “derechos sexuales”, transformando el aborto en un método suplementario de control de la natalidad, como sucede en todos los países en que ya se encuentra hace tiempo legalizado.

Desde 1990 hasta la fecha, los sucesivos gobiernos han venido implantando una nueva moral, con sus correlativos preceptos y prohibiciones que obedecen a una filosofía amoral e igualitaria.

Veamos algunos de estos preceptos:

Se prohíbe fumar un cigarrillo por considerarlo gravemente perjudicial para la salud pública, pero al mismo tiempo se quiere permitir el consumo de drogas, o al menos de marihuana, como si ésta fuese perfectamente inocua.

Se pretende prohibir el uso de la sal en las marraquetas de pan, pero se promueve el sexo libre. Se exige el etiquetado de todos los productos alimenticios altos en grasas, azúcares y sodio, pero se permite el uso intenso de pornografía en programas de TV, kioscos y en la propaganda comercial.

Los menores de edad no pueden comprar una cerveza en el supermercado ni elegir un concejal, pero podrán solicitar un cambio registral de su identidad y una operación de transexualidad en virtud del proyecto que impulsa el Gobierno, todo esto incluso sin el consentimiento de sus padres.

Los menores pueden “hacer lo que quieran, con quienes quieran y cuando quieran”, pero los padres de familia no pueden seleccionar los colegios donde ellos sean educados, ni tampoco contribuir con un copago para mejorar su nivel educativo.

En Santiago, los propietarios de automóviles del 2012, incluso los eléctricos, deberán dejarlos estacionados un día a la semana, pero, al mismo tiempo, se incentiva aceleradamente el uso de un trasporte público deficitario, mal concebido y peor organizado, con el cual todos nos debemos dar por perfectamente satisfechos.

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La filosofía que inspira todas estos permisivismos  y estas prohibiciones es una mezcla de marxismo colectivista con hedonismo individualista.

De acuerdo a los postulados marxistas, todos somos partículas de una misma masa, el proletariado. Como partículas de esta masa, debemos vivir, gozar y morir completamente libres y absolutamente iguales.

En la falsa lógica de estos presupuestos, los placeres que puedan ser practicados en cuanto “masa proletaria” son legítimos y buenos. Aquellos que nos distinguen unos de otros y afirman nuestra personalidad individual, son malos.

De ahí que, por ejemplo, el uso de un vehículo más nuevo, se considere profundamente atentatorio contra la “masa” que se transporta en el Transantiago. Así, del mismo modo que “hay que quitarle los patines a los niños”, hay que bajar del auto a aquellos que lo tienen.

Por su parte, el hedonismo individualista, consiste en que el goce de estos “derechos de masa” no tiene ninguna contrapartida, no es ligado a ningún rol social ni puede ser limitado por el bien común. Basta que tú estés satisfecho y feliz, para que dicho goce sea considerado legítimo.

La mezcla de estos dos absurdos morales produce el “hombre nuevo”. Las 1.313 víctimas del Sename no son sino una de las macabras consecuencias de esta ingeniería moral y social.

La moraleja de esta situación, estimado radioyente, es la necesidad de inculcar en los hijos, la noción de los deberes a que ellos están llamados como niños y como futuros adultos.

Más que mera información técnica, más que educación sexual, más aún  que la necesaria preocupación por la vestimenta o la alimentación, la principal responsabilidad de los padres está en la formación moral y del carácter de sus hijos.

Y para formar la moral y el carácter es necesario transmitir las nociones básicas de las virtudes cristianas. Sin ellas no existe verdadera formación ni tampoco educación.

Esta es la principal y la más urgente responsabilidad de los padres. Sólo el cumplimiento de ella evitará la repetición y el aumento de las cifras de víctimas infantiles que hoy nos avergüenzan como católicos y como chilenos.

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