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Dos hechos que marcaron el siglo XX

15 Junio 2017

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Estimado radioyente:

Con razón se dice que la Historia es una “gran Maestra”.

En efecto, ella nos enseña las circunstancias que vivieron nuestros mayores y las buenas o malas respuestas que ellos dieron. De ahí que, si conocemos los hachos pasados, estemos menos expuestos a repetir los errores y más aptos a sacar las lecciones que nos permitan elegir, con acierto, las buenas soluciones a los problemas del día de hoy.

Por ello es que nos volvemos al pasado en este programa de hoy. Precisamente a un siglo atrás, al año de 1917, ocurrieron dos hechos que marcaron el siglo XX, y hasta hoy continúan enteramente vigentes.

El primero de ellos se refiere a las apariciones de la Santísima Virgen en Fátima y a su Mensaje, entregado al mundo a través de tres pequeños pastorcitos: Lucía, Francisco y Jacinta.

¿Qué es lo que confirió a las revelaciones de Fátima esa sorprendente vitalidad que dura por más de un siglo?

Es que en ellas está profundamente concernida una nación que ocupa hoy un lugar central en el escenario político mundial, esto es, Rusia.

Y, es precisamente lo ocurrido en Rusia ese mismo año de 1917, el segundo hecho que marca la historia hasta nuestros días.

Llama la atención ante todo la simultaneidad de los dos acontecimientos, las revelaciones de Fátima y la Revolución Rusa. Como se sabe, el comunismo se adueñó del poder en Rusia exactamente tres semanas después de la última aparición de la Virgen en Fátima. [Por el calendario gregoriano, la “Revolución de Octubre”, fue el 7 de noviembre] Un mensaje trasmitido a los tres videntes, y que permaneció en secreto hasta 1942, señalaba “los errores de Rusia” como siendo el foco central de las graves perturbaciones que realmente vendrían a conmocionar al mundo entero durante la mayor parte del siglo XX. Por fin, en el mismo Mensaje estaba prevista la conversión de esa nación…

¿Y qué decían los Mensajes de la Virgen en Fátima?

En los Mensajes, la Madre de Dios censura al mundo por los pecados de la inmoralidad y de la impiedad, y lo amenaza con determinados castigos, en caso de que sus pedidos no sean atendidos. El carácter condicional de las promesas de Fátima queda así perfectamente determinado. Es decir, la Virgen deja un camino abierto para que la humanidad pueda escapar del castigo inminente mediante la enmienda de vida.

En este sentido, se destaca también el carácter expiatorio de los pedidos hechos por la Virgen: la Comunión Reparadora de los primeros sábados durante cinco meses seguidos y la consagración de Rusia a su Inmaculado Corazón. Si tales pedidos fuesen atendidos, Rusia se convertiría, abandonaría sus errores, y ese factor fundamental de perturbación del mundo cesaría de actuar. El mundo volvería a gozar de paz: la paz de Cristo en el Reino de María.

Es natural que nos preguntemos entonces: ¿los pecados cesaron? ¿La expiación fue hecha? ¿La consagración de Rusia se realizó en los términos exactos establecidos por la Virgen?

Para responder comencemos por lo más evidente, la crisis moral en Occidente, desde 1917 hasta nuestros días, no ha hecho sino acentuarse rápidamente. Las modas se han ido degradando, aproximándose al nudismo cada vez más generalizado. La asombrosa inestabilidad del matrimonio; la ostentación desvergonzada, hasta con avisos luminosos en locales de fácil acceso, de casas de prostitución; la despenalización y la aprobación de la homosexualidad como un hecho normal; el creciente número de apostasías en el clero y entre miembros de las órdenes religiosas de ambos sexos, frecuentemente relacionado con el menosprecio del voto de castidad;  la imposición de la ideología de género en los colegios; los medios artificiales para impedir la natalidad; son otros tantos síntomas de la descomposición moral que afecta a sectores cada vez más amplios de las sociedades occidentales.

Por su parte, la secta atea del comunismo procuró construir una sociedad sin Dios.

En las naciones dominadas por esa secta atea del comunismo, fue construida una sociedad en la cual se procuró desterrar totalmente la idea de Dios. Desde la cima del Estado hasta los más simples detalles de la vida cotidiana de cada individuo, todo se organizó de modo contrario a lo que postula el Derecho Natural codificado en los diez mandamientos de la Ley de Dios. La legislación comunista abolió la propiedad privada, instituyó el igualitarismo más completo y prácticamente extinguió la familia, transformando el matrimonio en un mero registro público que insignificantes formalidades legales podían alterar, según se le antoje a la pareja que episódicamente se juntó.

Así, entre las numerosas reformas que todo el mundo —sea en Occidente, sea en Oriente— considera necesarias, nadie pleitea la solución para lo que más ha ofendido a Nuestra Señora, es decir, la reforma de la moralidad, tanto particular como pública; la restauración de la institución de la familia, fortaleciendo la sacralidad e indisolubilidad del matrimonio y la autoridad de los padres sobre los hijos; y sustrayendo a éstos a la exagerada intromisión del Estado —que oficialmente es laico, cuando no directamente ateo— en la enseñanza, en la cultura, en el interior del hogar, etc.

Para los que tienen fe, resonarán siempre en sus oídos las palabras de la Virgen en Fátima: “Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará”.

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Y ¿qué decir del otro acontecimiento, la Revolución Rusa, ocurrido en ese mismo año?

Un reciente artículo publicado en un matutino de Santiago, escrito por el Profesor universitario Enrique Brahm nos da interesantes referencias al respecto. Le pasamos la palabra.

“Cuando en febrero de 1917 abdicaba Nicolás II, poniendo fin al imperio de los zares, Lenin se encontraba en el exilio en Suiza; Trotski, en Estados Unidos, y Stalin estaba deportado cerca del círculo polar Ártico. No tuvieron ninguna participación en la revolución y se vieron sorprendidos por ella. La verdad es que hasta la misma Guerra Mundial el Imperio Ruso se veía muy sólido.

“Tan sólida se veía la monarquía y tan lejos de caer, que sus enemigos internos, los distintos partidos revolucionarios, desde hacía varias décadas, desesperanzados ante la evidente ineficacia de las vías políticas, se habían volcado a los atentados terroristas como principal medio de acción.

“La revolución no fue algo necesario e inevitable, como a veces se señala, y tampoco lo fue el que en ella terminaran por imponerse los bolcheviques.

“Pero Nicolás II, con su debilidad, falta de sentido político y su concepción patrimonial del Estado, lograría que, en medio de las penalidades extremas que sufría la población en medio de la Guerra Mundial y las derrotas de sus tropas que se sucedían en el frente, se unieran contra él desde los conservadores y sus mismos generales, hasta los políticos de extrema izquierda, los que en medio de violentas protestas populares terminarían por conseguir su abdicación.

“Desde las guerras campesinas alemanas de la Edad Media -había escrito Lenin-, (…) vemos una serie de ejemplos de cómo una minoría, mejor organizada y armada y con un objetivo claro impone su voluntad a la mayoría y la vence”.

La falta de legitimidad política y democrática sería sustituida por el terror. “¿De verdad, creen ustedes que podemos triunfar sin recurrir al más cruel terror revolucionario?”, señalaría Lenin. “¿Para qué necesitamos un Comisariato de Justicia?, agregaría. Llamémosle mejor Comisariato de Exterminación Social y con eso basta”. Ya en diciembre de 1917 se creaba la Cheka y estaban a la vista los cientos de miles de muertos que vendrían.

“Así como nadie pudo prever el derrumbe del zarismo, nadie se imaginaba que en medio de esa orgía de violencia, que se extendería por décadas, tomaba forma un gobierno de partido único que se mantendría en el poder por más de 70 años y que daría origen al comunismo internacional”.

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Concluimos nosotros: Estos dos hechos nos permiten sacar una gran lección: Para impedir la repetición de estos castigos el camino está a nuestra mano: Seguir los concejos de la Santísima Virgen, fortificar los lazos de la familia y las virtudes morales que la sustentan.

El futuro depende de nuestra respuesta, de la suya, de la mía y de cada una de las familias que hoy deben tomar posición frente al mundo en que vivimos. Una pequeña minoría, bien convencida, puede determinar los rumbos futuros.

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Gracias por su audición y recuerde que nos puede seguir en www.accionfamilia.org

Hasta la próxima semana, en esta misma SU emisora.

 

 

 

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