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¿Quién resucitó al ELN?

12 febrero 2018

Mauricio Vargas “El Tiempo” de Bogotá 10 de febrero 2018


Durante los cien días del cese del fuego bilateral pactado por los delegados del Gobierno con representantes del ELN, en Quito, y que comenzaron a contar el 1° de octubre, esa organización guerrillera apenas dejó de atacar a la población civil, no suspendió del todo la voladura de oleoductos, ni detuvo sus hostigamientos, ni sus extorsiones ni sus operaciones de narcotráfico. En cambio, la Fuerza Pública se vio obligada a limitarse a la reacción ante esos ataques, sin poder desarrollar las ofensivas de su propia iniciativa, que, sostenidas durante años y con buenos resultados, habían convertido al ELN en una guerrilla disminuida, desprestigiada en el frente político y casi derrotada en el terreno militar.
Con los bolsillos llenos del dinero del narcotráfico, de la minería ilegal y del boleteo, engrosadas sus filas con cientos de mandos medios y bajos de las FARC que prefieren seguir en los negocios criminales que acogerse a los acuerdos de La Habana –muy generosos con los grandes comandantes, pero poco atractivos para esos jefes medianos y pequeños–, y con la posibilidad de copar zonas abandonadas por los frentes ‘farianos’ que sí se desmovilizaron, sin que la Fuerza Pública pudiese atacarlos, los ‘elenos’ supieron administrar el Baloto que se ganaron en la mesa de Quito.
Hoy han fortalecido su accionar en Chocó, Arauca, Catatumbo, Santander, norte de Antioquia, Cauca y Nariño, y han extendido sus ataques terroristas a ciudades como Barranquilla, donde casi nunca habían tenido presencia. Las familias de los seis policías vilmente asesinados en esa ciudad hace dos semanas deben culpar al ELN –y a nadie más– por ese crimen. Pero tienen derecho a preguntarse quién hizo posible que un grupo al que expertos en el conflicto armado, como el profesor del Externado Camilo Echandía, uno de los mayores conocedores del tema, veían muy debilitado hace apenas un año haya recuperado fuerzas y se haya envalentonado de ese modo.
Versados en las particularidades del ELN le habían advertido al Gobierno sobre los riesgos de apresurar una negociación con una guerrilla dividida, cuyos comandantes tienen muchas dudas acerca de avanzar hacia la paz. En carta al presidente Juan Manuel Santos, el periodista Hernando Corral, ‘elenólogo’ de primer nivel, sostuvo que la mesa de Quito es “muy frágil por la falta de claridad en ese grupo guerrillero”. La realidad es que jefes de algunos de los frentes más poderosos –gracias al narcotráfico y otros crímenes– del ELN no estaban dispuestos a acatar lo que quedara pactado en Ecuador. Y así lo demostraron con continuas violaciones del cese del fuego.
Afanado por conseguir resultados que refrendaran su premio Nobel de Paz, el presidente Santos desoyó las oportunas alertas y patrocinó una mesa paralela que otorgaba a los ‘elenos’ las concesiones que el jefe de la delegación del Gobierno, el ex ministro Juan Camilo Restrepo, no estaba dispuesto a darles. Al final, Restrepo se aburrió y renunció y, cuando culminaron los cien días de cese del fuego, el ELN desató la sangrienta ofensiva de los días recientes.
Hacerle concesiones a un grupo terrorista que no está convencido de avanzar en la negociación es el mejor camino para disparar la violencia. Para buena parte de los comandantes del ELN, el momento no es propicio para pactar un acuerdo definitivo de desmovilización, sino para aprovecharse de los afanes de Santos en sacar algún resultado y obtener por esa vía el margen de maniobra político y militar para resucitar como, en efecto, esa organización guerrillera parece haber resucitado en estos meses. La culpa de la sangre derramada es del ELN, pero la responsabilidad de que ese grupo haya revivido es del Gobierno. Y con tanta sangre derramada, se trata de una responsabilidad muy grave.
Mauricio Vargas
http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/mauricio-vargas/quien-resucito-al-eln-tiene-responsabilidades-181212

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